lunes, 25 de noviembre de 2013

Singularidades Socialistas (Juan Carlos Girauta, 25-11-2013)

"Considera Zapatero conveniente que la Constitución reconozca lasingularidad de Cataluña, así como la de todas aquellas comunidades que la tengan. Si el expresidente elabora un rato más esta idea, expuesta ayer en la apoteosis del susanato, llegará a una interesante cuestión, que le voy adelantando: ¿qué comunidad carece de singularidad? Es más, ¿qué municipio, qué hogar, qué dormitorio no la tiene? Y aún: ¿qué queremos decir con singularidad?
La singularidad es una filfa, es una farsa, es una mofa, es un fantasma. La singularidad es la coartada para capar el artículo 14 de la Carta Magna, que consagra la igualdad de todos los españoles ante la ley. La singularidad es el MacGuffin que hace avanzar la acción de una película que ya no queremos ver porque acaba mal. Es el expediente por el cual la existencia de Jaime el Conquistador en el siglo XIII justifica la insolidaridad interterritorial en el XXI. Es un cuento de hadas torcido: empieza con una princesa reclamando justamente la educación en la lengua materna y acaba con una bruja de cojones imponiendo el adoctrinamiento en una sola lengua.
Pero no es sólo eso. La singularidad es también la trampa por donde se va a perder el partido socialista, porque lo del PSC no tiene más que una corrección: que Navarro asuma el gravísimo error de comprarle a Mas el derecho a decidir, esto es, el derecho de autodeterminación, esto es, la condición colonial de Cataluña y la quiebra de la soberanía del pueblo español del artículo primero de la Constitución. Los giros recientes de Navarro no están mal, pero todo lo que no sea reconocer que se equivocaron en este asunto crucial, y comunicar que se disponen a remediar el mal causado (la bendición transversal del derecho a decidir), será a la postre inútil.
Mira tú que es fácil decir que el derecho a decidir no existe, pero que te parecerá muy bien si Rajoy monta un referéndum (que no lo hará) porque tienes unas incontenibles ganas de derrotar al nacionalismo y dejarlo sin argumentos durante veinte o veinticinco años. Es mi caso, sabré yo si es fácil decirlo... Pero el PSC ni siquiera desea derrotar al nacionalismo porque lo lleva dentro, agarrado a la raíz, y, aun cuando trata de seguir el buen camino, exuda el pringue maloliente y antidemocrático de los derechos históricos. El que Zapatero, comprensivo padre del Estatuto de todos los demonios, llama ahora singularidades. Singularidades plurales, obvio es."

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